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martes, 27 de mayo de 2014

Foro Hispánico AntiMasonería-Daniel Iglesias y Clavijo: "CAMBIO CLIMÁTICO". No se está produciendo un Calentamiento global antropogénico (1377)





Clavijo (4/12/2009): Los ciclos del clima están regulados fundamentalmente por las radiaciones del sol y su distancia variable a la Tierra. El “protocolo de Kyoto (1997)”, patrocinado por la ONU, es parte del plan político de los poderosos para alcanzar el gobierno mundial. Se utiliza la ideología neocomunista del ecologismo para manipular la opinión pública que es muy sensible al cuidado de la naturaleza y del medio ambiente.

A causa del temor a las catástrofes, la gente cede libertad a cambio de promesas de seguridad. La teoría del cambio climático responsabiliza al CO2 , producido por la actividad humana, del calentamiento global que nos llevará a la catástrofe en las próximas décadas.

Para evitarlo será necesario y urgente invertir cientos de miles de millones de dólares en reducir la emisión de gases nocivos, lo que ocasionará una disminución del progreso técnico y del nivel de vida de los pueblos desarrollados y tercermundistas. Pero esta teoría es un fraude a la ciencia ya que nunca ha sido aceptada por científicos multidisciplinares ajenos a las subvenciones políticas de la ONU.

El “Panel Internacional del Cambio Climático" (IPCC), fundado en 1988 por la ONU, predice en su IV informe (2007) que la temperatura media de la tierra aumentará entre 1 y 3ºC para el año 2100 y que el nivel del mar subirá entre 55 y 88 centímetros.

Pero sabemos que en la época de los dinosaurios, una de las más calientes de la historia, la temperatura media alcanzó los 22ºC; solamente siete grados más que en la actualidad, cuando faltan varias decenas de miles de años para finalizar el ciclo de calentamiento antes de iniciar el camino a la V glaciación.

Los datos reales sobre el clima contradicen a los promotores de Kyoto porque en 1998 subió solamente una o dos décimas de grado y después se ha estabilizado a pesar del incremento de CO2 en las zonas desarrolladas.

Las dos organizaciones subordinadas de la ONU al poder socialmasónico: Greenpeace y WWF (World Wildlife Fund) orquestan la “hora del planeta”, campaña engañabobos de ahorro de energía. Mucha gente no sabe que también son las principales promotoras del crimen del aborto en todo el mundo. Es la conexión entre “cambio climático” y “salud reproductiva”.

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Blog Daniel Iglesias

¿Se está produciendo un calentamiento global antropogénico catastrófico? –1

Comentario del libro: Steve Goreham, The Mad, Mad, Mad World of Climatism –Mankind and Climate Change Mania, New Lenox Books, New Lenox IL USA, 2012.

Daniel Iglesias (8/5/2014): 
Éste es un libro sobre el “climatismo”, término que el autor define como “la creencia en que los gases de efecto invernadero de origen humano están destruyendo el clima de la Tierra” (p. 2), por medio de un calentamiento global catastrófico. La tesis principal del libro es que el “climatismo” es una ideología sin respaldo científico sólido, pese a lo cual “casi cada gobierno, universidad, organización científica y empresa [e iglesia] del mundo ha adoptado el climatismo” (pp. 2-3).

El capítulo 1 presenta a los principales representantes del climatismo (el IPCC = Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, Al Gore, James Hansen, etc.), sostiene que ahora el cambio climático es un gran negocio para muchos y explica cómo se llegó al actual estado de cosas, desde el testimonio del Dr. James Hansen ante el Comité de Energía y Recursos Naturales del Senado de los Estados Unidos y la creación del IPCC en las Naciones Unidas (ambos hechos ocurridos en 1988), pasando por la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (en 1992) y la firma del Protocolo de Kyoto (en 1997).

El capítulo 2 sostiene que la energía renovable es una solución ilusoria del supuesto calentamiento global porque es muy cara, provee relativamente poca energía y no reduce significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero; y además porque la energía eólica y la energía solar son intermitentes y los biocombustibles son un pobre sustituto de la gasolina.

En ese mismo capítulo Goreham presenta siete cambios principales en el estilo de vida impulsados por partidarios del climatismo: la electrificación de los vehículos, la descarbonización de las viviendas, las empresas “verdes”, la reducción de los viajes aéreos, las dietas vegetarianas, la reducción del tamaño de las familias e incluso el cambio del gobierno y la economía (algunos “climatistas” abogan por la eliminación de la democracia y el capitalismo). A continuación el autor presenta “el espectro del gobierno global” (pp. 35-38), “el dilema de las naciones en desarrollo” (pp. 38-40) y “el lío del comercio de carbón según el sistema cap-and-trade (=tope-y-comercio)” (pp. 40-44).

Al final del capítulo 2, Goreham resume el asunto de una forma elocuente: “Parar el calentamiento global es la máxima prioridad de la ideología del climatismo. Eso es más importante que el desarrollo económico, la libertad, la democracia, el capitalismo y el bienestar de las naciones pobres. Ciertamente es más importante que tu auto, tu familia, tu dieta, tu casa, tu viaje y tu estilo de vida. Bienvenido al loco, loco, loco mundo del climatismo. Es un mundo de comidas vegetarianas y bocadillos de insectos, autos diminutos, lámparas fluorescentes y créditos de carbono. Es un mundo en el que tus hijos son medidos por el tamaño de su huella de carbono, más que por el contenido de su carácter. Es un mundo dirigido por burócratas globales que no son responsables ante ningún votante. Es un mundo de energía eólica, solar y de biocombustibles, subsidiada por el gobierno y cara. Los proponentes del climatismo afirman que todo esto, y más, es necesario si vamos a salvar el planeta.” (pp. 44-45).

Los capítulos 3-5, que tratan de la ciencia del clima, constituyen el núcleo del libro. Presentan fuertes argumentos científicos que tienden a mostrar “que el cambio climático se debe a ciclos naturales de la Tierra, impulsados por el Sol y otras causas naturales, y que las emisiones de origen humano desempeñan sólo una parte muy pequeña [de ese cambio]” (p. 7).

El capítulo 3 presenta las cuatro premisas básicas que proveen el fundamento de la teoría del calentamiento global antropogénico:
• El aumento de las temperaturas globales de la superficie terrestre.
• El aumento del dióxido de carbono en la atmósfera.
• El efecto invernadero en la atmósfera.
• Las proyecciones de los modelos de computadora del clima.

Se estima que la temperatura de la superficie de la Tierra ha aumentado alrededor de 0,7 °C desde fines del siglo XIX. Los proponentes del “climatismo” (o catastrofismo climático) sostienen que este aumento de temperatura no tiene precedentes en la historia moderna. Sin embargo, el capítulo 4 tiende a demostrar que el “Calentamiento Moderno” (el de los últimos 130 años) no es anormal.

Decenas de estudios científicos indican que en el Período Cálido Medieval (circa 900-1300 DC) las temperaturas eran al menos tan altas como en la actualidad. En 982, cuando los vikingos llegaron a Groenlandia, el nombre que dieron a esa isla (Groenlandia=Tierra Verde) no fue una broma irónica. Allí encontraron “matorrales de abedul de seis metros de altura debido al clima cálido” (pp. 56-57). Agrego que hasta el siglo XIII los vikingos cultivaron trigo en Groenlandia, que hoy tiene un clima mucho más frío, con un 80% de su superficie cubierta de hielo. El autor señala que en esa misma época “Inglaterra era un productor de vinos, con catorce vides diferentes cultivadas comercialmente. A pesar del reciente calentamiento del siglo XX, las temperaturas aún no favorecen la producción de vino en Inglaterra.” (p. 57).

El Período Cálido Medieval fue seguido por un período más frío: la Pequeña Edad de Hielo (circa 1300-1850). “Los períodos más fríos siempre han sido tiempos de privación humana, y la Pequeña Edad de Hielo no fue una excepción. Los registros históricos europeos describen temporadas de cultivo más cortas, aumento de las hambrunas y enfermedad durante la Pequeña Edad de Hielo. En 1695, Islandia estaba completamente rodeada de hielo, que se extendía al sudeste hasta las Islas Faroe. La población de Islandia cayó un 50 por ciento durante la Pequeña Edad de Hielo.” (Ídem).

Hay muchas evidencias científicas de que el Período Cálido Medieval y la Pequeña Edad de Hielo no fueron eventos locales, sino globales. Además, el Período Cálido Medieval y la Pequeña Edad de Hielo son sólo dos de los numerosos períodos cálidos y fríos alternados que integran la historia climática de la Tierra.

¿Existe actualmente un calentamiento global? La respuesta a esta pregunta es más compleja de lo que parece a primera vista. Depende de la escala temporal elegida:
• En una escala de decenas de miles de años, hoy estamos ubicados en un período cálido interglacial, y probablemente cerca del pico de ese período. A largo plazo corresponde esperar la próxima edad de hielo, con temperaturas entre 5 y 10 °C menores que las actuales (cf. pp. 79-80).
• En una escala de siglos, es muy razonable pensar que “el aumento de 0,7 °C en las temperaturas medias es parte de un calentamiento [natural] de largo plazo a medida que la Tierra se recupera de la Pequeña Edad de Hielo.” (p. 69).
• En una escala de años, se han sucedido últimamente tres períodos diferentes: 
o Un período de enfriamiento de 1940 a 1975. En los años ‘70 se produjo una fuerte corriente alarmista sobre el “enfriamiento global” muy similar a la que poco después se centró en el “calentamiento global”.
o Un período de calentamiento global de 1975 a 1998. Este período de tan sólo 23 años representa la base principal del actual alarmismo sobre el “calentamiento global”.
o Un período, de 1998 hasta hoy, en el que la temperatura global se ha mantenido casi constante o con una pequeña tendencia descendente. En esta escala, el calentamiento global terminó hace ya 16 años.

Goreham señala que estas variaciones de temperatura de corto plazo pueden ser explicadas por fenómenos cíclicos naturales tales como la Oscilación Sureña El Niño y la Oscilación Decenal Pacífica (cf. pp. 66-69).

“Por lo tanto, la base para toda la alarma, el aumento de temperatura de los últimos años del siglo XX, no es anormal en términos del tamaño del cambio, la velocidad del cambio o los niveles de temperaturas medidas. Los datos proxy e históricos muestran que las temperaturas durante el Período Medieval Cálido y otras eras recientes de la historia del clima de la Tierra fueron más cálidas que las de hoy. Además, la Oscilación Decenal Pacífica y otros ciclos de temperatura explican plenamente el calentamiento moderno, sin necesidad de los pretendidos impactos de los gases de efecto invernadero de origen humano. La conclusión climatista de que el Período Cálido Moderno es anormal no es apoyada por la evidencia histórica.” (p. 69).


Daniel Iglesias (11.05.14):
En el Capítulo 5, Goreham critica otras cuatro conclusiones científicas básicas del climatismo.

1. ¿El dióxido de carbono (CO2) conduce el clima de la Tierra?
Según el climatismo, el CO2 conduce el clima de la Tierra; y, más aún, lo ha conducido a lo largo de toda la historia. La pequeña contribución del CO2 al efecto invernadero atmosférico, que es sólo uno de los muchos procesos físicos de la Tierra, se ha convertido en la explicación de la marcha global del clima, y hasta de los terremotos y tsunamis. 

Sin embargo, el clima de la Tierra es un sistema caótico y complejísimo, en el que intervienen cientos de factores, entre ellos la radiación del Sol, los rayos cósmicos de las estrellas, la fuerza gravitatoria de la Luna, las nubes, los volcanes, las corrientes oceánicas, etc. “Sólo cuatro de cada diez mil moléculas del aire son dióxido de carbono. En toda la historia humana, las emisiones de origen humano son responsables de agregar sólo una fracción de una de esas cuatro moléculas” (p. 72). Los océanos tienen más de 250 veces la masa de la atmósfera y retienen unas 1.000 veces más calor. “Pero los climatistas están obsesionados con el efecto invernadero, el calentamiento causado por la absorción de la radiación infrarroja saliente de los vestigios de gas dióxido de carbono” (p. 74). La contribución del CO2 al efecto invernadero atmosférico es de tan sólo el 19%. El 75% corresponde al vapor de agua y las nubes, y el 6% al metano y otros gases. Del 25% correspondiente al CO2 y al metano, sólo un 3% es de origen humano. Por lo tanto, en principio la humanidad es responsable de menos de un 1% del efecto invernadero.

Hacia el final de esta sección, Goreham cita al físico Freeman Dyson, quien sostiene que los modelos de computadoras de los climatólogos describen muy mal el mundo real. Éste “está lleno de cosas como nubes, vegetación, suelo y polvo, que los modelos describen de un modo muy pobre” (ídem).

2. ¿El aumento del CO2 se debe al hombre?

La variación del CO2 de la atmósfera a lo largo del tiempo se estima midiendo la composición de las burbujas de aire atrapadas en hielo o contando el número de estomas de hojas de plantas. Por lo común los climatistas se basan en el primer método. El segundo método ha dado resultados de hasta 400 ppm (partes por millón) de CO2 en el año 500 DC, un nivel superior al actual. Además, ha mostrado cambios de más de 50 ppm por siglo, un cambio que, según los climatistas, sólo puede ocurrir debido a emisiones de origen humano.

Los datos de los núcleos de hielo de la estación Vostok en la Antártida muestran una fuerte correlación entre la temperatura y la concentración de CO2 en los últimos 400.000 años. De allí los climatistas, desestimando la teoría clásica de los Ciclos de Milankovich, deducen que la variación del CO2 ha sido la causa principal de las cuatro edades de hielo y los cinco períodos cálidos interglaciales de esos años. Sin embargo, una mirada más atenta muestra que la concentración de dióxido de carbono, aunque tiene una evolución similar a la temperatura, sigue a ésta con un retardo de unos 500 años, por lo que sus cambios no pueden ser la causa de los calentamientos y enfriamientos. “Lo más probable es que las temperaturas crecientes calentaron los océanos, los cuales luego se desgasificaron de dióxido de carbono, causando el aumento del CO2 atmosférico” (p. 80).

Por otra parte, debido a la Ley de Henry, los 6 mil millones de toneladas de carbono emitidas anualmente por el hombre deben ser vistas en relación, no solamente con los 750 mil millones de toneladas de la atmósfera, sino con los 40.000 miles de millones de toneladas de carbono de todo el sistema del clima.

3. ¿El vapor de agua produce una realimentación positiva?

El dióxido de carbono, por sí mismo, no puede causar un calentamiento global catastrófico. Los modelos del clima alcanzan sus conclusiones alarmantes asumiendo que el vapor de agua multiplica el calentamiento producido por el CO2.

Sin embargo, un conjunto creciente de datos indica que la sensibilidad del clima a los cambios de nivel del dióxido de carbono atmosférico es baja. A) Las mediciones desde satélites muestran que el nivel de vapor de agua atmosférico se mantuvo relativamente constante en los últimos 30 años. B) Recientes publicaciones científicas han sostenido que el efecto del vapor de agua podría ser una realimentación negativa (o sea, una amortiguación del calentamiento), en vez de positiva. C) Los modelos del clima de los catastrofistas (=climatistas) predicen la formación de un “punto caliente” en la tropósfera, centrado sobre el Ecuador; pero las mediciones de temperatura realizadas desde los años ’60 por miles de globos no muestran ninguna señal de ese “punto caliente”.

4. ¿Es correcto ignorar al Sol?

El climatismo sostiene que el Sol es un factor poco significativo en el cambio climático debido al carácter muy constante de su enorme influencia en el clima. De 1610 a 1995 hubo una muy buena correlación entre el número de grupos de manchas solares y la temperatura de la Tierra. La gráfica correspondiente encaja bien con los dos mayores fenómenos climáticos del período: la Pequeña Edad de Hielo y el Período Cálido Moderno. Pero aunque esa correlación era muy alta, los cambios en los niveles de irradiación de la luz solar eran tan pequeños que no parecía que pudieran explicar los cambios de temperatura.

Sin embargo, en los años ’90 científicos daneses (Svensmark, Marsh y otros) encontraron el eslabón faltante del clima: los rayos cósmicos y las nubes. Con base en datos experimentales, Svensmark formuló la siguiente teoría: “La actividad de las manchas solares refuerza el viento solar, o campo magnético solar, el cual bloquea una porción de los rayos cósmicos que entran a la atmósfera de la Tierra. Menos rayos cósmicos significan menos iones creados por colisiones con los gases atmosféricos. Menos iones proveen menos núcleos de condensación de nubes para la formación de nubes de baja altitud. Menos nubosidad de bajo nivel refleja menos luz solar, por lo que más luz solar es absorbida por la tierra y los océanos de la Tierra, haciendo que la Tierra se caliente” (p. 96). Una disminución del nivel de actividad de las manchas solares produce el efecto inverso: un campo magnético solar más débil, más rayos cósmicos que entran a la atmósfera, una Tierra más nubosa y más fría.

Goreham concluye el capítulo subrayando que el mundo es como parece ser: “el Sol, el tiempo y las nubes y los ciclos de los océanos son las fuerzas dominantes que dan forma al clima de la Tierra. El dióxido de carbono, ese gas invisible y vestigial que es culpado de nuestra predicha destrucción del clima, es sólo una parte minúscula del cuadro” (p.99)


Daniel Iglesias (13.05.14):

1. ¡Los océanos están subiendo! ¡Los océanos están subiendo!
Los climatistas predicen que, de no mediar un combate exitoso al calentamiento global antropogénico, éste derretirá los casquetes polares de hielo, causando una elevación catastrófica del nivel de los océanos. Las distintas predicciones apocalípticas difieren bastante entre sí, pero en general estiman una elevación de varios metros del nivel del mar durante el siglo XXI, que afectaría gravemente a cientos de millones de personas. Por ejemplo, James Hansen (de la NASA) prevé que hacia 2100 la temperatura global aumentará 3 °C y el nivel del mar subirá 25 metros, lo cual sería verdaderamente catastrófico. La principal evidencia aducida por los climatistas es la disminución del casquete polar ártico, que en el otoño de 2007 alcanzó su tamaño mínimo en 30 años. 

Sin embargo, los registros históricos muestran que en el pasado se han dado muchas situaciones similares de escasez del hielo ártico. Éste tiende a crecer y decrecer, en ciclos impulsados por fuerzas naturales. Además, el hielo ártico flota sobre el Océano Ártico, por lo que, incluso si se derritiera enteramente, no afectaría el nivel global de los mares. Por último, el hielo ártico es sólo el 1% del hielo del planeta. El 90% de éste corresponde al casquete polar antártico, que en promedio está creciendo. ¡Más aún, en el mismo otoño de 2007, el hielo antártico alcanzó su tamaño máximo en 30 años! El casquete de hielo de Groenlandia (8% del hielo global) está estable.

Desde la última edad de hielo (hace 20.000 años) los océanos se han elevado unos 120 metros por causas naturales. En los últimos 150 años, los océanos se han elevado a una velocidad de casi 20 centímetros por siglo. A pesar del creciente nivel de las emisiones de gases de efecto invernadero, no se ha detectado una aceleración de la elevación de los mares en los últimos 50 años. Goreham concluye que la humanidad no puede detener el ascenso de los mares: los océanos no pueden ser domados eliminando una molécula de CO2 por cada 10.000 moléculas del aire. “Los niveles del mar se elevarán y caerán por causas naturales, y la humanidad necesitará continuar adaptándose al cambio climático, exactamente como lo ha hecho por miles de años” (p. 112).

2. Tiempo loco y disparates de nieve
Todas las semanas, en algún lugar del planeta, hay una sequía, una inundación, un huracán, un gran tornado o un gran incendio forestal. Estos eventos son partes normales del caótico clima de la Tierra, pero ahora los climatistas los atribuyen al calentamiento global. El IPCC afirma que el calentamiento global está causando tormentas tropicales más fuertes.

Sin embargo, la evidencia empírica no concuerda con ese alarmismo. En los últimos 35 años, a pesar del aumento de temperatura de la superficie del mar, no se advierte una tendencia creciente de la actividad global de los ciclones tropicales. La cantidad anual de tornados fuertes en los Estados Unidos tiene una clara tendencia decreciente desde los años ’70. Además, los tornados generalmente son más frecuentes en los años más fríos, no en los más cálidos.

Uno de los principales expertos en huracanes, el Dr. Christopher Landsea, renunció al IPCC debido a la politización de sus reportes, supuestamente científicos. Goreham concluye lo siguiente: “Las pretensiones de los alarmistas están basadas en eventos anecdóticos y memorias cortas, sin base científica… [Los datos no] muestran una tendencia de aumento del clima severo. La física climática básica predice una reducción de las tormentas mientras la Tierra se calienta. Sin embargo, los catastrofistas del tiempo continúan alarmando a nuestros ciudadanos. ¡Al diablo con los hechos, adelante a toda velocidad!” (p. 120).

La sección titulada “¿La nieve es una señal del calentamiento global?” (pp. 120-124) es muy divertida. Hasta 2008, todos los científicos climatistas señalaban la reducción de las nevadas como una evidencia del calentamiento global. Pero después de tres inviernos muy fríos (2008-2011), que pusieron en ridículo las predicciones de instituciones como la Oficina Meteorológica del Reino Unido, los climatistas cambiaron su cuento: las nevadas se convirtieron en “evidencia” del calentamiento global.

3. Grandes embustes sobre el cambio climático
El autor dedica la mayor parte del Capítulo 8 a rebatir cinco tesis que considera como “algunos de los mayores embustes pretendidos por proponentes del calentamiento global catastrófico” (p. 127).

• Los climatistas suelen afirmar que el dióxido de carbono es un contaminante peligroso; pero el CO2 es un gas invisible e inodoro que no causa humo ni smog y no es dañino para los humanos hasta niveles muchísimo mayores que los de la atmósfera. Además, el CO2 es “verde”: es alimento para las plantas y es fundamental en la fotosíntesis vegetal. Cientos de estudios científicos muestran que mayores niveles de CO2 atmosférico hacen que las plantas crezcan más, y más rápido. Hace 50 millones de años los niveles de CO2 eran mucho mayores que hoy, y la vida floreció abundantemente (cf. pp. 128-132).

• Los climatistas suelen afirmar que el cambio climático pone en peligro la salud. Sin embargo, tanto el sentido común como los estudios científicos aseguran que se enferma y muere más gente en las estaciones frías que en las cálidas. No en vano muchos jubilados norteamericanos se van a vivir a Florida o Texas, no a Alaska o Dakota del Norte (cf. pp. 132-136).

• Los climatistas suelen afirmar que el calentamiento global, a través del derretimiento del hielo ártico, está destruyendo el hábitat del oso polar y causando su extinción. Sin embargo, en el último medio siglo la población total de osos polares se ha más que duplicado, de unos 9.000 ejemplares en 1960 a unos 23.000 hoy (cf. pp. 136-138).

• Los climatistas suelen afirmar que las emisiones de CO2 de origen humano están haciendo más ácidos a los océanos, desafiando a la vida marina en una escala sin precedentes en decenas de millones de años. Sin embargo, el agua de mar es básica, con un pH de 8,2. Una duplicación del CO2 atmosférico disminuiría el pH oceánico a 7,9, aún básico, pero menos. Los océanos nunca serán ácidos. La única preocupación con algún asidero se refiere a los arrecifes de coral; pero los corales de la Gran Barrera de Arrecifes crecieron casi constantemente entre los años 1600 y 2000, exceptuando una pequeña disminución desde 1990. Además, es un hecho comprobado que los peces y corales viven bastante bien en condiciones ácidas, cerca de respiraderos de CO2 en el fondo del océano (cf. pp. 138-140).

• Los climatistas suelen afirmar que la abrumadora mayoría de los científicos del clima aceptan la teoría del calentamiento global antropogénico. Sin embargo, más de 4.000 científicos firmaron el Llamamiento de Heidelberg oponiéndose a la Agenda 21 de la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro (1992), que estaba muy marcada por la ideología climatista. Además, más de 40.000 científicos norteamericanos han firmado el Proyecto Petición del Calentamiento Global, que afirma lo siguiente: “No hay una evidencia científica convincente de que las emisiones humanas de dióxido de carbono, metano u otros gases de efecto invernadero están causando o causarán, en el futuro previsible, un calentamiento catastrófico de la atmósfera de la Tierra y una ruptura del clima de la Tierra. Además, hay una evidencia científica sustancial de que los aumentos del dióxido de carbono atmosférico producen muchos efectos beneficiosos en los ambientes naturales vegetales y animales de la Tierra” (p. 142).

En la sección final del Capítulo 8, el autor cita a Lenin (“Dennos a un niño por ocho años y será un bolchevique para siempre”) y a continuación dice que los gobiernos están empleando las técnicas de los regímenes totalitarios para adoctrinar a los niños y jóvenes en la ideología climatista. Vale la pena reproducir el párrafo final del capítulo: “Los embustes del cambio climático penetran toda la sociedad de hoy. Líderes intelectuales, gobiernos, grupos ambientalistas, universidades, liceos, escuelas elementales, medios de noticias y ciudadanos equivocados alrededor del mundo repiten interminablemente estos embustes. Nuestro aire está siendo llenado con peligrosa contaminación de carbono; el ozono aumentará; sufriremos muerte prematura por olas de calor; vamos a estar plagados de malaria, virus del Oeste del Nilo y parásitos; la hiedra venenosa cubrirá la tierra; los osos polares morirán de hambre; y los océanos se volverán ácidos. Debemos educar a los niños para poder evitar estos desastres. El Camarada Lenin habría estado orgulloso.” (p. 144).



Daniel Iglesias (14/5/14):

1. Mala ciencia –temperatura, el IPCC e emails reveladores
En el Capítulo 9, Goreham critica a fondo tres aspectos de la moderna ciencia del clima:
• “Los mismos registros de temperatura sobre los cuales está basada la alarma del calentamiento global están afectados por el error y la exageración.
• El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático [IPCC], la autoridad mundial reconocida del cambio climático, no es objetivo, sino fuertemente tendencioso hacia políticas climáticas activistas.
• Y correos electrónicos reveladores de los principales científicos climáticos del mundo muestran un patrón de selección tendenciosa de datos, engaño, esfuerzos para suprimir la evidencia contraria y, en general, mala práctica científica” (pp. 145-146).

Acerca del primer aspecto (temperatura) destacaré tres puntos:
• La red mundial de estaciones de temperatura cayó de más de 6.000 estaciones en 1960-1990 a menos de 1.500 estaciones en la actualidad (cf. pp. 147-148).
• Un estudio de 2007 mostró que más del 70% de las estaciones de temperatura de los Estados Unidos (consideradas las mejores del mundo) están en condiciones inadecuadas por la cercanía del sensor a una fuente artificial de calefacción, lo que afecta las mediciones de temperatura (cf. pp. 148-149).
• Varias instituciones gubernamentales, mediante “ajustes” cuestionables, han inyectado una tendencia al calentamiento en los datos crudos de temperatura (cf. pp. 149-153).

Acerca del segundo punto (IPCC), destacaré tres puntos:
• Desde su creación en 1988, el IPCC abrazó decididamente la teoría del calentamiento global antropogénico catastrófico. Nunca analizó objetivamente si el cambio climático estaba conducido principalmente por fuerzas naturales o si el resultado neto del calentamiento global podría ser positivo para la humanidad (cf. pp. 153-154).
• El IPCC impulsa el consenso para apoyar una posición política. Esto se logra seleccionando autores principales que apoyan la teoría referida y dándoles poder editorial autoritario para controlar el contenido del reporte final (cf. pp. 155-156).
• Los reportes del IPCC incluyen pronósticos alarmistas científicamente infundados sobre la desaparición de los glaciares del Himalaya, la deforestación de la Amazonia y la caída de la producción agrícola en África, reconocidos luego como errores serios (cf. pp. 156-158).

El tercer aspecto (emails reveladores) se refiere al “Climategate” (es decir, el Watergate del clima). Este escándalo estalló en noviembre de 2009, en vísperas de la Conferencia Climática de las Naciones Unidas en Copenhague, y contribuyó al fracaso de esa Conferencia. Alguien no identificado descargó en Internet más de 1.000 documentos e emails de la Unidad de Investigación Climática (CRU = Climate Research Unit) de la East Anglia University, de Inglaterra. La CRU es un actor clave de la climatología mundial. Reúne todos los datos de temperatura del mundo y los procesa. Los emails filtrados muestran, entre otras cosas graves, cómo muchos de los principales climatólogos (autores importantes de los reportes del IPCC que guían las políticas ambientales de todos los gobiernos del mundo) amañaron los datos para promover la teoría del calentamiento moderno anormal. Para colmo de males, la CRU admitió en 2009 que ya no dispone del conjunto original de datos de temperatura global, sino sólo de los datos procesados: un gravísimo error de práctica científica (cf. pp. 158-163).

La actuación de las tres comisiones creadas para investigar el Climategate fue tan escandalosa como el Climategate mismo. Básicamente, se dedicaron a blanquear rápidamente la situación (cf. pp. 163-166).

En noviembre de 2011, en vísperas de la Conferencia Climática de las Naciones Unidas en Durban, Sudáfrica, ocurrió el “Climategate 2”: una segunda liberación anónima de emails de la CRU (esta vez 5.200). Estos emails agravaron el escándalo del Climategate. Entre otras muchas cosas, muestran que Phil Jones, Director de la CRU, propuso a varios científicos borrar todos sus emails para eludir las leyes de libertad de información. También muestran la fuerte influencia de la CRU en la BBC, orientada a impedir la cobertura informativa de científicos escépticos sobre el calentamiento global antropogénico (cf. pp. 166-168).

Goreham concluye el Capítulo 9 diciendo: “Por increíble que parezca, este proceso científico defectuoso ha hecho descarrilar al mundo en torno a un gas vestigial de la atmósfera” (p. 170).

2. Financia mi estudio del clima

Para no alargar mucho más esta ya larga reseña, me limitaré a decir que la caricatura contenida al principio del Capítulo 10 resume muy bien el contenido del capítulo. Un universitario recién graduado con un doctorado en ciencia se encuentra ante una encrucijada, debiendo elegir entre dos caminos. A su izquierda se abre el camino del climatismo, que conduce hacia contratos de investigación, riqueza, aprobación de los pares, premios, permanencia asegurada en la universidad y fama mediática. A su derecha se abre el camino del realismo, que conduce hacia la acusación de “negacionismo climático”, falta de contratos de investigación, burla de los medios, privación, crítica de los pares y pobreza (p. 171). No es de extrañar que, por convicción o conveniencia (o una mezcla de ambas), la mayoría elija el camino del climatismo…


Daniel Iglesias (16.05.14):

1. Rayos de sol, céfiros y combustible verde y frondoso

En el Capítulo 11, el más largo del libro, Goreham critica las políticas energéticas impulsadas por la ideología climatista.

Las fuentes “medievales” de energía renovable (sol, viento, leña, fuerza animal) fueron reemplazadas por hidrocarburos durante los últimos dos siglos porque estos últimos entregaban más potencia, eran más baratos y estaban disponibles cuando se los necesitaba. Ese reemplazo fue un factor crucial del desarrollo económico moderno. Las sociedades desarrolladas usan mucha energía per capita. Hoy muchos intelectuales de élite (Paul Ehrlich, Al Gore, el Club de Roma, etc.) propugnan una limitación del uso de energía. “¿Qué mejor forma de reducir el crecimiento energético que abrazar el climatismo? Si las emisiones de origen humano están destruyendo el clima de la Tierra, entonces el uso de carbón, petróleo y gas debe ser detenido. Además, la promoción de energía renovable ineficiente y costosa es un método excelente de retardar el uso global de energía” (p. 186), y por tanto retardar el desarrollo económico.

A pesar de más de 20 años de alboroto mediático y de la enorme ayuda financiera de los gobiernos, muchas predicciones sobre una masiva transición a la energía renovable han fallado estrepitosamente. De 1973 a 2009, la porción de los hidrocarburos en el suministro mundial de energía descendió apenas del 87% al 81% (un 6%); y casi todo su descenso se explica por el ascenso de la energía nuclear del 1% al 6% (un 5%). En 2009, las formas de energía solar, eólica y geotérmica (sumadas) representaron un 0,8% de la energía del mundo. Los biocombustibles y desechos representaron el 10,2%, pero la mayor parte de ese cantidad correspondió a leña, carbón vegetal y estiércol utilizados en países pobres. Sólo la décima parte de ese porcentaje (o sea, alrededor de un 1% de la energía mundial) correspondió a los biocombustibles “modernos”.

Las principales desventajas de la energía solar y la energía eólica son tres: son formas de energía diluida, intermitente y de alto costo. La densidad energética de la luz solar y el viento es baja. Una planta de generación de electricidad de 1.360 MW de potencia promedio entregada ocuparía 0,4 km2 para una planta de gas, 1,6 km2 para una planta de carbón, 4,2 km2 para una planta nuclear, 340 km2 para una planta eólica y 900 km2 para una planta solar. Por otra parte, debido a su carácter intermitente, la energía solar y la energía eólica no encajan bien en los actuales sistemas eléctricos de potencia. No pueden reemplazar a las centrales de “carga base” porque no son de bajo costo ni pueden operar las 24 horas; pero tampoco sirven en un rol de “seguimiento de carga” porque el pico de demanda es a menudo de noche, cuando no se cuenta con energía solar, y porque la energía eólica varía demasiado como para contar con ella para cubrir la demanda pico. “Hacia fines de 2010, Alemania había construido más de 20.000 turbinas eólicas y Dinamarca más de 5.000. Pero ninguna de ambas naciones ha sido capaz de cerrar ni una sola planta de energía basada en carbón” (p. 199). Además, el costo variable de la energía basada en carbón o gas natural es de 2-5 centavos de dólar por KW-hora, mucho menor que el costo de la energía eólica o solar. Por último, varios estudios de casos reales muestran que los sistemas de energía eólica no reducen significativamente las emisiones de CO2. Incluso desde el punto de vista climatista, la promoción a ultranza de la energía eólica es un gigantesco esfuerzo en vano (cf. p. 199).

Los gobiernos del mundo han abrazado con entusiasmo la promoción de los biocombustibles (etanol y biodiesel) para reducir las emisiones de CO2 de los sistemas de transporte, fijando metas muy ambiciosas para la sustitución del petróleo por biocombustibles y subsidiando fuertemente a estos últimos. Sin embargo, además de los grandes subsidios, los biocombustibles presentan otras desventajas importantes: A) Para producir la misma cantidad de energía que un litro de gasolina, se necesitan 4,5 litros de etanol. B) El biodiesel entrega más energía que el etanol, pero los cultivos de biodiesel tienen un bajo rendimiento por hectárea. Por lo tanto, la cantidad de tierra requerida para proveer cantidades significativas de etanol o biodiesel es enorme. La Unión Europea debería convertir un 70% de su tierra agrícola para proveer un 10% de sus necesidades energéticas. C) La producción de etanol requiere 40 veces más agua que la de gasolina; y la producción de biodiesel a partir de soja usa 268 veces más agua que la de gasolina. D) La demanda creciente de maíz y soja para biocombustibles causó la duplicación de los precios de esos productos en el período 2000-2010, poniendo en peligro la seguridad alimentaria de millones de personas pobres. E) Por último, la producción y el uso de biocombustibles contaminan el aire e incluso aumentan las emisiones de CO2. La hipótesis contraria se debió a un grave error de “contabilidad” que ya ha sido reconocido: los cultivos necesarios para producir biocombustibles sustituyen mucha vegetación que absorbería grandes cantidades de CO2. Cuando esta sustitución se toma en cuenta, los biocombustibles dejan de ser “neutrales respecto al carbono”. Incluso desde el punto de vista climatista, la promoción a ultranza de los biocombustibles es un gran error.

Los automóviles eléctricos tenían la mayor parte del mercado automotriz norteamericano a principios del siglo XX. En el siglo XXI el climatismo está impulsando un resurgimiento de los autos eléctricos; pero éstos todavía sufren las mismas desventajas importantes que causaron su desaparición hace un siglo: alcance corto, tiempo de carga largo, costo alto y poca vida útil de la batería. A pesar de la fanfarria de marketing y los incentivos gubernamentales, los autos eléctricos vendidos en los Estados Unidos en 2011 fueron unos 20.000, sobre un total de 13.000.000. “Incluso volúmenes de venta mayores no tendrán un efecto perceptible sobre las emisiones, dado que la mayor parte de la electricidad usada [por los autos eléctricos] es producida en plantas de energía que queman carbón o gas” (p. 214).

La sección titulada “Montañas de subsidios: la locura climática en Europa” (pp. 214-220) critica la falta de sentido económico del celo casi misionero con el que las naciones europeas promovieron la energía renovable en las últimas dos décadas.

La sección titulada “El mito del pico del petróleo” (pp. 220-222) recuerda muchas predicciones completamente fallidas sobre el próximo fin de las reservas de petróleo y muestra que éstas han crecido y siguen creciendo constantemente.

La sección titulada “La revolución del fracturamiento hidráulico [o fracking]” (pp. 222-226) afirma que el fracking está dando resultados espectaculares y tiene el potencial para entregar cantidades casi ilimitadas de gas y petróleo a precios asequibles. En los Estados Unidos, en los últimos 30 años, se han perforado más de 500.000 pozos usando la técnica del fracking y los casos de incidentes documentados de contaminación del agua son sólo dos, y sus causas son discutidas.

Goreham concluye el Capítulo 11 diciendo: “A todos nos gustaría creer que la energía renovable es la respuesta, pero no lo es. La revolución de la energía renovable propuesta por el climatismo es un espejismo. El mundo permanece abrumadoramente basado en combustibles de hidrocarburos. El enorme volumen de uso global de energía significa que los diluidos, intermitentes y costosos renovables serán incapaces de proveer una porción significativa del uso global de energía en las próximas décadas, si es que alguna vez lo serán. Pero la buena noticia es que la humanidad no se quedará sin fuentes energéticas de hidrocarburos en el corto plazo. Al contrario, la revolución del fracturamiento hidráulico promete siglos de suministro de gas natural y posiblemente petróleo, si el mundo puede sacudir las equivocadas garras de la locura climática.” (p. 226).

2. ¡Usted no puede hacer estas cosas!

En el Capítulo 12, el autor presenta unos cuantos ejemplos de comportamientos tontos inspirados por la ideología climatista. Mencionaré sólo tres de ellos.

Las cremaciones de cadáveres emiten muchas toneladas de CO2 por año. Una compañía australiana encontró una solución a este serio problema climático: un proceso de hidrólisis que disuelve un cuerpo en cuatro horas. La propaganda de la firma dice que la solución resultante puede ser usada para regar rosales (cf. p. 228).

Cada camello salvaje de Australia expulsa unos 45 kg de metano por año. Hay 1.200.000 camellos salvajes en Australia, lo cual constituye un problema climático casi tan serio como las emisiones de la cremación humana mundial. Una ley aprobada en Australia en 2011 aspira a la reducción de las emisiones de metano a través de la eliminación de las cabras, ciervos, cerdos y camellos salvajes. Se dispara a las pobres bestias desde helicópteros (cf. p. 231).

El Primer Ministro británico Tony Blair dijo en 2004 que todas las nuevas escuelas deberían ser modelos de desarrollo sostenible. Siguiendo la visión de Blair, una escuela de Londres construyó en 2010 un aula de “cero carbono”. Costó US$ 38.000 y no puede ser usada por los niños todo el año porque es enconadamente fría en invierno (cf. pp. 232-233).



Daniel Iglesias (17/5/2014):

1. Climatismo –encaminado hacia una quiebra

En el Capítulo 13 (el último del libro) Goreham sostiene que el climatismo se encamina hacia una caída estrepitosa. Las temperaturas globales reales del período 1990-2012 muestran claramente que todos los modelos de computadora del IPCC están equivocados. También las mediciones del cambio del calor contenido en los océanos en 2004-2012 divergen absolutamente de las proyecciones de los modelos (cf. pp. 238-240). Después de 20 años de alarmismo, es claro que la catástrofe climática no está ocurriendo. “La ciencia climática saltó a una conclusión equivocada hace más de 20 años, y ahora el climatismo está impulsado por dinero” (p. 240).

Después de 20 años de negociaciones políticas y de muchas cumbres mundiales sobre el clima, no ha habido logros significativos. La emisión global de gases de efecto invernadero de 2010 fue un 45% mayor que la de 1990. La tasa de crecimiento de las emisiones del período 1990-2010 fue igual a la del período 1970-1990. Está cada vez más claro que los remedios del climatismo han fracasado. Recientemente muchas naciones recortaron sus subsidios a la energía renovable. “¿Cuántos subsidios permanecerán después de que la gente se dé cuenta de que los humanos no están destruyendo el clima de la Tierra?” (p. 244). La Unión Europea sigue auspiciando una reducción del 80% de las emisiones de CO2 para el año 2050. Aunque las emisiones europeas se redujeron un 7% de 1990 a 2009, gran parte de ello se debió a un desplazamiento de la producción por importaciones. Por ejemplo, las emisiones de las industrias británicas bajaron un 22%, pero las emisiones asociadas al consumo en el Reino Unido subieron un 12%. En los hechos, el concepto de desarrollo sustentable está íntimamente asociado a la creencia en el calentamiento global antropogénico. “Pero dado que la naturaleza, no el hombre, controla el clima, la filosofía del desarrollo sustentable está edificada sobre una falsedad” (p. 246).

Reproduzco los párrafos finales del libro: “Cada día, 25.000 personas mueren por causas relacionadas con el hambre en las naciones en desarrollo. Más de 1.000 millones de personas tratan de sobrevivir con menos de $ 1,25 por día. 2.500 millones de personas no tienen saneamiento adecuado. 1.400 millones no tienen electricidad, y casi 1.000 millones no tienen acceso a agua potable. Cada año, 2 millones mueren de SIDA. Casi 2 millones mueren de tuberculosis. La malaria, la neumonía y las enfermedades diarreicas matan millones más (cada una).

La tragedia del climatismo es el mal uso de recursos en una escala vasta. Como discutimos en el Capítulo 1, el mundo gastó 243.000 millones de dólares en 2010 en energía renovable para tratar de “descarbonizar” los sistemas energéticos. Más de un billón [= un millón de millones] de dólares fue gastado en los últimos diez años, y los gobiernos e industrias están en camino de desperdiciar otro billón en los próximos cuatro años en programas climáticos tontos. Cada año, el gasto en el fútil intento de parar el calentamiento global es el doble del gasto en […] ayuda internacional. Imagine los beneficios para los pobres del mundo si los gastos en descarbonización pudieran ser redirigidos a resolver los problemas del hambre, la enfermedad y la pobreza.

Hoy, miles de millones de personas creen en la teoría del calentamiento global antropogénico. Pero, año tras año, las temperaturas no siguen las predicciones de los modelos, los niveles del mar no suben anormalmente, los osos polares prosperan y los desastres predichos no ocurren. Los ciudadanos del mundo lo resolverán. Los cambios en la opinión pública ya muestran que los ciudadanos están empezando a aprender la historia verdadera. La quiebra del climatismo será estruendosa.

Apresuremos la caída del climatismo y el despertar de la humanidad a la realidad del clima. El cambio climático es natural y los autos son inocentes. Reasignemos los vastos fondos gastados en tontos esfuerzos para combatir el calentamiento global, para a cambio resolver los verdaderos problemas acuciantes de la humanidad” (ídem).

2. Mi opinión sobre el libro

En mi opinión, se trata de un libro magnífico, sumamente interesante: muy bien escrito y argumentado, muy claro y ordenado, lleno de información relevante, bien documentada, con muchas ilustraciones y gráficos excelentes. Además, es un libro muy entretenido. Al principio de cada capítulo, una buena caricatura y una cita (con frecuencia humorística) presentan el tema central del capítulo. El texto tiene muchos recuadros notables, en los que el humor suele estar presente. Algunas de las series de recuadros se titulan así: “¡Castiguen a los negacionistas!”, “Titulares chiflados sobre el cambio climático”, “¿Hipocresía climática?”, “Predicciones fallidas”, “El Efecto Gore”, “Plata grande para el cambio climático”, etc. El prólogo, escrito por Harrison Schmitt, ex Senador de los Estados Unidos y ex astronauta del Apolo 17, resume en ocho puntos breves y contundentes el fuerte alegato del libro (cf. pp. v-vi).

En mi opinión, las principales limitaciones de este libro son las tres siguientes.

A) Goreham asume, sin cuestionamientos, la existencia del efecto invernadero atmosférico. Pienso que habría sido oportuno por lo menos mencionar que los físicos alemanes Gerhard y Tscheuschner han publicado un paper de 115 páginas titulado Falsification of the Atmospheric CO2 Greenhouse Effects within the Frame of Physics, para demostrar que el efecto invernadero atmosférico es contrario a las leyes de la física. 

La versión 4 del paper (de 2009) se encuentra aquí: http://arxiv.org/pdf/0707.1161.pdf. Aún mejor habría sido evaluar la corrección o incorrección de ese paper, cosa que yo no haré aquí.

B) Goreham no analiza en detalle si o en qué medida las actuales políticas ambientales y energéticas orientadas principalmente a combatir el calentamiento global podrían estar justificadas por otras razones, independientemente de su motivación principal. Pienso que al respecto se puede decir lo siguiente. Si se llegara a la conclusión (muy plausible) de que el Calentamiento Global Antropogénico Catastrófico (CGAC) no existe, cada una de esas políticas debería ser reexaminada en profundidad y sin prejuicios. En esa hipótesis, subsistirían dos problemas principales: la contaminación del aire y el futuro agotamiento de las reservas de petróleo y gas natural.

A diferencia del supuesto CGAC, el problema de la contaminación del aire no es una tragedia global, sino un problema local mucho más manejable, restringido básicamente a las grandes ciudades. Muchas ciudades lo han resuelto con base en simples medidas urbanísticas. Los créditos de carbono, los impuestos al carbono y otras medidas semejantes están totalmente fuera de lugar en este escenario. El CO2 no contamina el aire; y la contaminación causada por los caños de escape de los autos a nafta se puede reducir mucho mediante la construcción de sistemas de transporte colectivo eléctricos (como los trenes subterráneos), la promoción del uso de bicicletas, la prohibición de circulación de automóviles con números de placa par o impar en días alternados y muchas otras medidas semejantes. No sería necesario en absoluto trastornar toda la economía mundial prosiguiendo la actual cruzada fervorosa contra el CO2.

En cuanto a la finitud de las reservas de hidrocarburos, si el CO2 no está destruyendo el clima y el problema de la contaminación del aire de las ciudades se puede resolver sin mayores dramas, entonces no hay por qué considerar el uso de petróleo o gas como una nueva especie de pecado capital. Sin dejar de lado la investigación y el desarrollo de formas alternativas de energía, podremos seguir usando sin remordimientos petróleo o gas, mientras estén disponibles en abundancia. Los precios del mercado de combustibles nos indicarán en qué momento convendrá iniciar una transición fuerte hacia otras formas de energía. La promoción a ultranza (sin sentido económico) de las formas de energía renovable está fuera de lugar en este escenario.

C) Goreham no analiza en profundidad cuáles son las causas subyacentes de la ideología climatista. Pienso que se trata de un fenómeno complejo, pero que entre sus factores más determinantes cabría señalar al neomaltusianismo, que sustenta hoy a una suerte de imperialismo demográfico. A continuación reproduzco dos citas del libro de Goreham que apuntan en esa dirección, que ameritaría una mayor investigación:

“"En la búsqueda de un nuevo enemigo para unirnos, se nos ocurrió la idea de que la polución, la amenaza del calentamiento global, la escasez de agua, el hambre y similares encajarían en ese rol. Todos estos peligros son causados por la intervención humana, y es sólo a través de actitudes y conducta cambiadas que ellos pueden ser vencidos. El verdadero enemigo, entonces, es la humanidad misma” –Alexander King, fundador del Club de Roma, think tank ambientalista (1991)” (p. 21).

“"Somos demasiadas personas; por eso tenemos calentamiento global… sobre una base voluntaria, todo el mundo debería comprometerse a que uno o dos hijos es todo” –Ted Turner, magnate de los medios y padre de cinco hijos (2008)” (p. 33).

3. ¿Por qué escribí esta reseña?

Probablemente a varios lectores les parezca raro o inadecuado que yo haya publicado esta reseña de un libro sobre el calentamiento global en este blog, dedicado a temas religiosos. Mis motivos principales son dos.

El primero es que la religión está íntimamente conectada con la moral y que las actuales políticas ambientales y energéticas, orientadas principalmente a combatir el supuesto Calentamiento Global Antropogénico Catastrófico (CGAC), plantean un problema moral social de primerísima magnitud, como surge de los elocuentes párrafos finales del libro, citados por mí más arriba.

El segundo es que ya han aparecido referencias al supuesto CGAC en muchas declaraciones y documentos eclesiásticos, y que muchas de ellas parecen dar por buena la teoría del CGAC, al menos en cierta medida. Cito los siguientes ejemplos, elegidos de entre muchos otros semejantes:


Véase el punto 5: “Somos custodios de la creación y debemos profundizar en nuestra decisión de respetar y alcanzar los objetivos de emisión de CO2, promover el entendimiento internacional sobre el cambio climático, comprometernos a adoptar un enfoque más ecológico e insistir en que la sostenibilidad es un elemento fundamental de cualquier política de crecimiento o desarrollo.”


Véase que la declaración de esas organizaciones católicas asume plenamente la teoría del CGAC.

Como contraejemplo, cito también a una voz profética que clama en el desierto contra los peligros del ideologizado catastrofismo climático:

Cambio climático y la reingeniería de las religiones, por el Pbro. Dr. Juan Claudio Sanahuja.

Habiendo leído y reflexionado bastante sobre este tema, mis consejos para los ministros de la Iglesia, por si acaso a alguno de ellos le interesa conocerlos, son dos: escuchen “las dos campanas” en el actual debate científico y político sobre el “cambio climático” y extremen los esfuerzos para evitar que las aguas puras de la doctrina moral social católica se mezclen (en medida grande o aun pequeña) con las aguas turbias del catastrofismo climático.

Daniel Iglesias Grèzes
Nota: Las traducciones del inglés son mías.

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