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jueves, 12 de febrero de 2015

CONSPIRACIÓN Iluminista del Masónico Nuevo Orden Mundial, preparando el Gobierno del Anticristo, Señor del Mundo. El clan Rockefeller de Nueva York en la cúpula del Poder Mundial (1709)

ABC-Juan Manuel de Prada (31/1/2015): La persecución no nos la quita ni Dios, y sólo unos pocos (¡poquísimos!) serán capaces de resistirla sin flaquear.  En varias ocasiones el papa Francisco ha recomendado la lectura de Señor del mundo, la novela de Robert Hugh Benson (1871-1914) que, siendo argentino, podría haber leído en la traducción de Leonardo Castellani. En su última mención, remitía a esta obra para que su auditorio comprendiese mejor a qué se refiere cuando advierte sobre los peligros de una «colonización ideológica» que amenaza a las familias y a los pueblos. Trataremos de explicar aquí en que consiste esa «colonización ideológica».
Aunque el Papa oculta su asunto (tal vez siguiendo la «disciplina del arcano» que San Agustín recomendaba a los cristianos, cuando tratasen con los paganos), Señor del mundo es una novela sobre los tiempos parusíacos (una distopía, que diría un pagano) y, más concretamente, sobre el reinado del Anticristo, que impone la religión de la «fraternidad universal», un humanismo sin Dios, caracterizado por la mística de la deificación del Hombre y del Progreso. «Dios, en la medida que era posible conocerlo, era sólo el hombre –reflexiona uno de los personajes principales del libro, el diputado Oliver Brand–; y la paz, no la espada que trajo Jesucristo, es la condición del progreso humano; la paz que brotaba de la comprensión, la paz que emanaba de un conocimiento claro de que el hombre lo era todo». Esta paz tan estupenda la logra Felsenburgh, el falso mesías que protagoniza la novela, alcanzando una alianza con las sectas mahometanas del Oriente; después, consiguiendo el bienestar universal, mediante el control mental de las masas y la benévola administración de la eutanasia a los díscolos y los infelices; por último, unificando el mundo bajo su autoridad, implantando oficialmente la religión humanista y erradicando los últimos reductos de cierta fe «grotesca y esclavizadora», propia de «incompetentes, ancianos y disminuidos», que se resiste a aceptar la colonización ideológica. A los pocos (pusillus grex) que para entonces profesan esa religión se les considera una secta de peligrosos delincuentes; y se decreta contra ellos la persecución, que las masas cretinizadas acogen con orgiástico alborozo ciudadano, como una auténtica fiesta de la democracia, que diría un cursi.
Benson describe así la persecución decretada por Felsenburgh: «En tiempos muy lejanos, el ataque de Satán se desató por el flanco corporal, con látigos, fuego y fieras; en el siglo XVI se produjo por el flanco intelectual; en el siglo XX, por los resortes de la vida moral y espiritual. Aquel ataque, en cambio, parecía llegar por los tres flancos a la vez. Sin embargo, lo que más temor producía era la influencia patente del humanitarismo: sobrevenía, como el reino de Dios, revestido de un inmenso poder; aplastaba a los imaginativos y a los románticos; asumía, más que afirmaba, su propia verdad incontrovertible; aplastaba y sofocaba, no hería, y ganaba terreno con el estímulo del acero o de la polémica. Lograba abrirse paso casi palpablemente en las conciencias. Personas que apenas conocían su nombre ya profesaban sus dogmas; los sacerdotes lo habían absorbido, igual que absorbían a Dios en la Comunión; los niños bebían su jugo como antaño hacían con el cristianismo (…). Y, por último, llegaría a revestirse con la vestimenta de la liturgia y el sacrificio, y una vez hecho esto la causa de la Iglesia, de no mediar una intervención de Dios, habría concluido para siempre».
Tal intervención se producirá, según está escrito, in extremis, acabando milagrosamente con lo que Francisco denomina «colonización ideológica» del humanitarismo. Pero la persecución no nos la quita ni Dios, y sólo unos pocos (¡poquísimos!) serán capaces de resistirla sin flaquear.

ALETEIA-Paolo Pegoraro 
En su homilía del pasado 18 de noviembre de 2013, el Papa Francisco añadió un nuevo volumen a su biblioteca. Aún habiendo confiado en varias ocasiones sus propios gustos literarios, El Amo del mundo nunca había entrado en su lista de preferencias personales conocidas. Un libro que, advierte el Papa, “casi como si fuera una profecía, imagina qué sucederá. Este hombre se llamaba Benson, se convirtió al catolicismo e hizo mucho bien. Vio precisamente este espíritu de la mundanidad que nos lleva a la apostasía”.
Cuarto hijo del entonces arzobispo de Canterbury Edward White Benson, Robert Hugh Benson (1871-1914), del que está a punto de celebrarse el centenario de su muerte, se convirtió al catolicismo y se ordenó sacerdote en Roma. Escritor, conferenciante y paladín del antimodernismo, Benson ha sido prácticamente olvidado en el mundo literario de habla hispana, con la excepción de la reciente reedición por parte de la editorial española San Román. Otras obras suyas que se han reeditado en España recientemente son sus bellísimas Confesiones de un convertido, Alba Triunfante y La amistad de Cristo.
Ambientado en un futuro de gran desarrollo tecnológico, se narra el ascenso al poder de Julian Felsenburgh, el misterioso político que conseguirá traer la paz a la tierra, reuniendo bajo de sí a todas las naciones. Pero con la condición de desarraigar toda creencia en Dios de sus súbditos, con cualquier medio. Felsenburgh tolera solamente el culto a la vida - a esta vida – reconocida como “única verdad”, una religión de Estado donde no se adora al hombre, sino “la idea de hombre despojada de toda concepción sobrenatural”. Le resiste solo un rebaño cada vez más disminuido de fieles, guiados por el papa Silvestre III, encerrado en Roma (la Iglesia ha cedido todas sus propiedades a cambio de la “ciudad santa” del papado). En un clima cada vez más angustioso, parte finalmente la orden de destruir hasta los cimientos el último bastión de los opositores. La publicación, en 1907, fue explosiva. Y numerosos católicos, más familiarizados con la Iglesia triunfante que con el libro del Apocalipsis, lamentaron su excesivo pesimismo.
Benson respondió a las críticas con otra novela, Alba triunfante (1911), que cambia la perspectiva. Contentando a los cristianos seguros de su “magnífico destino y progreso”, imagina cómo sería la sociedad mundial si el mundo entero acogiera el mensaje de la Iglesia. La novela es una amplia ilustración de esta realidad alternativa hecha al protagonista, monseñor Mastermann, afectado por una amnesia total (evidente parodia de los “desmemoriados” modernistas). A través de algunos viajes guiado por el padre Jervis, el monseñor intenta comprender el nuevo mundo, pero su escándalo aumenta al mismo tiempo que su confusión: una Iglesia que goza de pleno poder temporal, de fuerzas armadas y que ha restablecido la pena de muerte lo deja conmocionado.
Son demasiadas las analogías entre los ordenes mundiales descritos en ambas novelas, independientemente del hecho de que el jefe sea el anticristo o el Papa. Pero hay una diferencia sustancial: El amo del mundo concluye con la vuelta de Cristo a la tierra, Alba triunfante no. Casi no haría falta. Se advierte el eco de los Hermanos Karamazov, en el que Iván expone al monje Zósimo la necesidad de que el Estado se transforme en Iglesia. Sólo para revelas pocas páginas después, con el conocido relato del Gran Inquisidor, el rostro oscuro de esta teoría.

Blog Clavijo
(Píldora nº 18 de 19/3/2010)
La Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) ha publicado el “Diccionario Enciclopédico de las Sectas” del P. Manuel Guerra, doctor en Teología y Filología clásica, catedrático del Seminario de Burgos e historiador de las Religiones. En la cuarta edición (2005) dice: 
La acaudalada familia Rockefeller desciende de judíos sefardíes-alemanes. John Davison, el primero del clan, consiguió (1870) el monopolio del petróleo (Standard Oil), financió (1890) la Universidad de Chicago, creó (1915) la Fundación Rockefeller para actividades “filantrópicas” y el mayor banco del país que se fusionó (1955) con la banca Morgan, resultando el “Chase Manhattan Bank” presidido (desde 1969) por David Rockefeller, nieto de John D. y cabeza del clan en la actualidad. David, maestro grado 33º de la Masonería, ha sido Secretario general del “Consejo de Relaciones Exteriores” (CFR) y fundador de los círculos discretos de poder “Bilderberg” (1954) y “Trilateral” (1972).
El clan ha instrumentalizado las sectas iberoamericanas contra la Iglesia católica e invertido sumas ingentes en el control demográfico de la natalidad y la esterilización en el mundo, fabricando píldoras abortivas en sus multinacionales farmacéuticas con superiores beneficios.
En NuevaYork se encuentra la sede central de la “Gran Logia Rockefeller 666”, orden secreta iluminista de signo luciferino, secta que busca la luz a mayor nivel que la Masonería.
Martín Lozano escribió (1996): Los clanes Rockefeller, Morgan, Warburg y Rostchild ocupan el vértice de la pirámide del Poder Mundial económico que controla la política, los medios de comunicación, los círculos ideológicos y los organismos internacionales.
Raymond Barré, ex ministro francés, dijo (1996) en el “Foro de Davos” que tal vez sea necesario un nuevo “crack” económico y nuevas reglas de juego para avanzar definitivamente en la globalización económica y política  del gobierno mundial. Es la crisis financiera actual iniciada en Wall Street.